lunes, 1 de octubre de 2007

Seis lunas que se van


Las decisiones grandes traen angustias grandes. Aquí estoy, seis meses después de subir a un avión rumbo a Estados Unidos, evaluando futuros posibles con un microscopio.
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Un “neoterm” ocupa ahora mi vocabulario…. No se si la palabra “neoterm” sea original, tengo serias dudas porque creo haberlo leído en el libro “1984”. De todas maneras, el término que vino a ampliar mi vocabulario es “Exilio Económico”.
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Esta frase se aplica a aquellos de nosotros que dejamos nuestros países por una persecución económica. Es decir, Teníamos talento, capacidades y ganas, pero un salario nos secuestraba la voluntad de seguir adelante profesionalmente.
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Por eso escapé de lo que más amaba…
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Vine por dinero y no lo he conseguido. Me gustaría regresar, pero soy terco. Me quedo un poco más hasta ver que pasa. La soledad es inmensa. Llegué en primavera, sufrí el verano calcinante y aunque los vientos fríos de estos últimos días presagian un otoño favorable, yo sigo aquí con cara de invierno.
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¿Me encontrará el otoño del año entrante todavía en el exilio económico?
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Pinté una casa y me pagaron mal. Actué como extra en una telenovela mexicana y conocí la gloria fugaz. Empaqué flores durante un mes en una nevera más grande que un club deportivo y entendí lo que siente un tallo de apio en la gaveta de las verduras. Recibí huéspedes en un restaurante de Disney World y supe de Mickey Mouses sin cabeza que fumaban a escondidas de los niños. Entré de vendedor a un canal de televisión regional y los bolsillos se me llenaron de polillas. Ahora, estoy en un periódico hispano y… (Este espacio queda para ser llenado en el futuro en consideración a mis actuales empleadores).
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Me faltan por lo menos cinco kilos de peso. La sonrisa que nunca fue mi arma más usada, ahora ya ni aparece por las esquinas de mi boca. La familia me duele profundamente aquí en el pecho.
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Busco hace tiempo una respuesta…
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Existirá algo llamado sueño americano o será solo el movimiento involuntario de los párpados que se cierran sobre el cansancio.
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Spanglish Nostálgico


Existe un tipo de inmigrante que nunca dejó su país, su cuerpo físico está en los Estados Unidos, pero su corazón sigue en su tierra. Sin importar su estatus legal, este tipo de inmigrante lleva una bandera y una añoranza dentro de sí. No importa si los años cubrieron de polvo el recuerdo. No importa si su conversación se entremezcla en un Spanglish disparatado. Ni siquiera importa que regresar sea más difícil que permanecer. Este inmigrante todavía recuerda una mañana pintada con los colores de sus primeros años. Sus costumbres huelen a cocina tradicional y saben a frutas imposibles. Los tonos de su oído resuenan en otra escala musical. Las calles de su piel todavía las recorren amores lejanos. Uno que otro pájaro migratorio llega al puerto de su mente en una algarabía que suena a libertad. La sangre de este inmigrante alcanza la temperatura justa del licor de su primera juventud y los primeros regaños quizás tengan la voz de una tía que no ve hace décadas.

Este inmigrante hace fila detrás de usted en el “supermarket”, conduce junto usted a través del “toll”, incluso, ve las mismas películas que a usted le gustan en el “cinema”.

Si por casualidad, su mirada de nostalgia se cruza con la suya esta semana, sonríale sin temor, tómese un par de segundos y con mucho cariño dígale con sus ojos: “ya lo sé, hermano, yo también me siento así”.
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CARLOS EDUARDO VÁSQUEZ - Colombia
http://escritoscotidianos.blogspot.com/
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Carlos Eduardo Vásquez, es también autor de los relatos: "Un libro sobre mí mismo", que aparece en esta misma galería, y de "El preso, la prisa y la prosa", que puede leerse en, Linde5-otro enfoque (Contra el abandono y el maltrato animal).

4 comentarios:

Odi dijo...

Carlos Eduardo, te comprendo perfectamente porque yo también soy inmigrante.
He leído con interés tus dos textos. En el primero asumes que las seis lunas ya se han ido, pero, dejas entrever que no se fueron en vano; te han edificado como hombre. El sufrimiento es el verdadero escultor de la personalidad. Hoy no eres el muchacho cargado de sueños, que maleta en mano salió al mundo a desafiar su destino. Hoy eres una persona asentada que ve las cosas desde el ángulo más difícil; el ángulo práctico. Tan es así, que masticando tu frustración has puesto los ojos en la realidad de otros soñadores que también perseguían el despegue aconómico.

Quizás mis palabras sirvan de poco, pues soy una mujer que ya superó el mal trago de los primeros momentos. Pero, eso sí, aprendí que para no ensuciar mis zapatos debo mirar antes de poner el pie.
Es que, Carlos Eduardo, no le quiero dar la razón a mi padre; él decía que en la vida es más importante tener suerte que inteligencia.

Te dejo mi apoyo y mi aplauso por tu prosa.
Ahora, con tu permiso, voy a ir a tu otro texto.

Un beso, amigo colombiano.

(Pienso que te serviría leer mi relato "Esperando la comida". Lo hallarás en esta misma galería de letras)

Dragon dijo...

Carlos...leyendo tu relato volví a mi pasado. Cuando fuí y volví...fuí emigrante una vez. Pero volví.Supe de sabores, olores y acentos extraños para mi, pero fascinada de conocerlos, sentirlos y saborearlos!!
hasta el día de hoy recuerdo Venezuela con cariño, dejé afectos y muchos buenos recuerdos en esa hermosa tierra.

BIRA dijo...

Desde "otro tipo" de exilio, con el corazón igual de ausente, me quedo, me uno y me sumo a tu frase: La familia me duele en el pecho. Y, si me permites, añado: y el dolor lo desgarra por dentro.

Saludos y buena suerte!

Isabel dijo...

Paso por aquí y te sonrío sin temor, no solo porque soy inmigrante, sino porque conozco de cerca tu historia.

Aquí estamos, miles de soledades juntas viviendo en un país de millones de habitantes e ilusiones, que nos da todo, pero jamás será capaz de llenar el vacío y el calor humano de nuestra gente, de nuestro pueblo, del vecino que te sonreía porque sabía de donde venías y el hijo de quien eras.

Aquí seguimos, tercos y llenos de esperanza, ilusionados qué un día (que no esté tan cara la gasolina, qué no le suban a la renta, que no tengamos que pagar tantos "taxes", que podamos bajar la tarjeta de crédito) todo será mejor. Acostumbrándonos a tantas miradas de desconfianza, al sentimiento de no ser "ni de aquí, ni de allá", a la inestabilidad de no saber donde vamos a estar mañana. Dejando pasar el tiempo y permitiendo que nuestro corazón se llene de sentimientos encontrados porque uno es humano y en lo que menos pensás, han pasado 20 años y parte de su corazón ya pertenece también a esta cultura, porque ya te casaste, ya crecieron los hijos, ya tenés tus amigos...porque sos ahora de aquí también...

Muy bonita tu prosa, me ha gustado y me ha recordado esos primeros años que son tan duros....

VIVIR ES EL ARTE DE ATRAVESAR ESPERANZAS. -R.M.J.