jueves, 21 de junio de 2007

Capacidad de convicción


Calor, mucho calor. Río de Janeiro lucía la estridencia de sus colores bajo el sol matutino. Las playas ya sucumbían al bullicio de los bañistas. La ciudad aguantaba estoicamente el ígneo ataqué a su cemento, y las antenas de televisión maniobraban su timón en busca de los vientos.

El pintor dejó la avenida Getúlio Vargas, atravesó el barrio de Maracaná, y enfiló hacia Jacarepaguá. El resol levantaba vapor del asfalto y los coches de adelante parecían no tener ruedas, y avanzaban como flotando en la exhalación del pavimento.

Carlinhos, mientras tanto, desde el mostrador miraba a la clientela.
- He tenido suerte -pensaba-. La gente viene y gasta. El bar funciona.
Recién hacía un mes que lo había abierto.
.
En la punta de la rua Geremário Dantas apareció el furgón del pintor. Rodaba despacio, ya que los coches discurrían aletargados; igual que si obedecieran a un dios de fuego que los empujaba a andar. El pintor iba directamente al Largo da Pechincha a ver un cliente.
Dio muchas vueltas y aparcó como pudo, o, mejor dicho, como lo dejaron aparcar. Descendió del vehículo, y haciendo flamear las llaves en su mano se encaminó hacia el local.

- Buenas, soy el pintor.
- Lo estaba esperando.
- Pues se acabó la espera. Aquí estoy.
- Muy bien. Como le dije por teléfono, acepto el presupuesto.
- Entonces vamos directamente al asunto. Usted quiere que le pinte un cartel en la fachada
-Sí. Quiero que ponga; "El bar para toda la familia". En letras bien grandes y que abarque de pared a pared.
- "El bar para toda la familia", ya lo apunté. Ahora voy a la furgo a buscar el material y ya mismo me pongo a trabajar.
El pintor fue hasta la puerta y se detuvo dubitativo. Luego volvió al mostrador.
- Perdone. Usted haga lo que quiera porque para eso paga. Pero, ¿no le parece que eso de "la familia" está demás? ¿Los niños van a venir al bar? Va a tener problemas con la justicia, y el juez de Menores le va a cerrar el negocio.
- ¡Tiene razón! Entonces ponga "El bar para todos".
- ¡Eso está mejor! Ahora sí, voy al furgón a buscar el material.
Llegó a la puerta después de esquivar un borracho que se echó hacia atrás con silla y todo. En la puerta se paró un segundo. Y retornó al lado del dueño.
Usted, disculpe. Sinceramente, haga lo que quiera. Pero, si se deja aconsejar, me parece que eso de "para todos", sobra. Un bar se entiende que es para todos.
- ¡Nuevamente tiene razón! Ponga bien grande "El bar". Qué se lea desde lejos.
- ¡Eso me gusta! A menos palabras más espacio, y con más espacio el cartel luce mejor. En un momento vuelvo. Tengo el furgón a la vuelta de la esquina.
El pintor arribó a la puerta de entrada, después de mirar de reojo a otro borracho que al pasar le hizo una reverencia. En la puerta se frenó. Meneó la cabeza, y resueltamente regresó a la barra.
- Usted, perdone. Pero, ¿para qué el artículo "El"? Nadie va a decir "La" bar. Francamente, creo que "El" está demás.
- ¡Pues sí, es verdad!. Quite "El" y pinte la palabra "Bar" bien grande, de pared a pared. Qué se vea desde Copacabana.
- Usted sí que es inteligente. Capta en el aire la esencia del arte de pintar carteles. Ahora, con su permiso, voy a mi furgo a buscar el material. Me dominan las ganas de comenzar.
A duras penas llegó a la entrada, pues antes tuvo que aceptar un trago que le ofreció otro borracho. En la puerta se paró de golpe. Movió la cabeza y volvió junto al dueño.
- Disculpe. Pero me parece que poner "Bar" es una redundancia.
- ¿Por qué?
- Dígame, con la cantidad de borrachos que hay aquí, ¿usted cree que la gente va a pensar que esto es un confesionario?
- ¡Tiene razón Entonces, no ponga nada.
- Una decisión inteligente. Ahora págueme que me voy al bingo.

PAULO VIEIRA - Río de Janeiro, Brasil.
07paulo07@gmail.com
Traducción, Ricardo Muñoz José.

6 comentarios:

Odi dijo...

Paulo, tu relato es una sopresa. Siendo tú brasileño, y además, carioca, me esperaba un momento de alegría. Pero, me sorprendiste; no esperaba ese final.
Eso sí, el título me descolocó, pues inmediatamente se lo relaciona con algo serio. Incluso, yo pensé que sería un ensayo.

Me gustó de verdad.
Odi

Alvaro dijo...

No podía esperar otra cosa de un carioca (aclarando que carioca es el gentilicio de los naturales de Río de Janeiro, no de todos los brasileños como se piensa por aquí).
Tu escrito mantiene el ritmo de principio a fin, y por eso captura la atención. Cuando esperaba que el pintor se descabalgara con una obra de arte, resultó ser un cuento llevado a la práctica por un pícaro (¿picareta?), y el dueño del bar, se destapó como un pobre trabajador que se dejó llevar por la "Capacidad de convicción" del "artista". El texto es todo un canto a dos formas de ver, sentir y vivir la vida.

He disfrutado, Paulo, y eso es de agredecer. Aplausos para ti.

Dos3cuatro

Yaiza dijo...

¿Quién se iba a imaginar semejante desenlace? El caradura del pintor enrolló y enrollo, no hizo el trabajo, pero pasó la factura. Y el dueño del bar, ¿pagó o no pagó?
"Capacidad de convicción", es un relato simpático, que transporta el sueño de la raza humana; ganar dinero sin sudar.
Estimado, carioca, gracias por la sonrisa.

Yaiza

Carla dijo...

"Capacidad de convicción" es un derroche de imaginación, para construir una obra literaria con un elemento tan trivial como un cartel.
Paulo, tienes talento y buenas maneras narrativas. Menos mal que Ricardo sabía portugués y tradujo tu escrito. De no haber sido así, nos quedábamos sin conocerte.
Felicitaciones para el autor y el traductor.

Julio dijo...

Cuando hay imaginación, ni la risa se resiste. Amigo, Paulo, compusiste toda una historia en torno a un cartel, un pintor sinvergüenza y un pobre hombre orgulloso de su bar. Otros recurren a la grandilocuencia y terminan aburriendo hasta a las piedras, mientras que tú, sólo necesitaste tres elementos simples para construir esta joya.
Por lo visto, la literatura no está en todas las manos que debería estar. Triunfan muchos mediocres y los de valor se quedan ignorados en su rincón.

Saludos, amigo carioca.
Julio

tito dijo...

Sinceramente, me sorprendió el final. El pintor dio tantos rodeos que llegué a pensar que se iría sin hacer el trabajo. Pero, que aparte de no hacer nada, cobrara...

Paulo, después de leerlo, a tu cuento "Capacidad de convicción" lo titularía "La convicción de la capacidad", porque sólo alguien que tiene super-confianza en sí mismo, es capaz de semejante caradurismo.

Gracias por haberme regalado una sonrisa.
Tito Grandi

(Amigo brasileño, aunque no entendí la totalidad de tu comentario, te agradezco haberte molestado en leer mi texto "El perro que venció al olvido". Fernando es merecedor de todos los halagos y de todo el cariño del mundo)

VIVIR ES EL ARTE DE ATRAVESAR ESPERANZAS. -R.M.J.