miércoles, 7 de marzo de 2007

Mi niña de trenzas azules


“Mi niña de trenzas azules”... Así llamaba Arturo a Teresa haciendo alusión a sus enormes ojos azules que, decía, iluminaban todo lo que estuviese cerca de ella. “Mi niña de trenzas azules... y de risa con sabor a melocotón”… Teresa recordaba cuando se hicieron novios y paseaban por los campos recogiendo frutas, riendo, besándose, corriendo uno detrás del otro… En aquellos años en que abandonaban la niñez.Cuando Teresa cumplió los 15 años su padre le regaló una bofetada. Su abultado vientre, debido al avanzado estado de gestación, no pudieron ocultárselo por más tiempo ni ella ni su madre, quien desde que lo supo, lloraba a solas por las noches, suplicando que su hija perdiese a aquella criatura que llevaba en las entrañas.


A los pocos días, Teresa fue enviada a la ciudad, a casa de unas tías suyas. Allí podría tener a su hijo sin que en el pueblo se supiese y la vergüenza y el deshonor destrozara sus vidas. Y en la ciudad nació el hijo de Teresa y de Arturo, el cual por entonces encontró empleo en una fábrica. Las ayudas familiares les permitieron casarse e irse a vivir a un pequeño piso de alquiler. Después llegaron los mellizos, los pequeños aumentos de sueldo y otros pisos de alquiler... Las presiones económicas, los cambios de carácter de Arturo, su más que afición a la bebida… Y las brutales palizas a Teresa.


Ella siempre pensaba que Arturo atravesaba una mala época, que seguro que cambiaría, que tenía que perdonarle... Y con el cuerpo lleno de moratones y doliéndole la vida le preparaba la cena. Después le miraba dormido, y mientras lloraba le acariciaba la cabeza, como si con sus manos tratara de sanar su mente. Algo que había intentado tantas veces de tantas formas distintas.


Aquella noche volvió a repetirse el temido ritual de tantos años: Gritos, golpes y una vez más, la cena. Cuando Arturo se durmió, Teresa volvió a llorar y a acariciarle la cabeza. Se tumbó a su lado y le abrazó. Sabía que Arturo no se despertaría más. Aquella noche, mientras le preparaba la cena, le dolía la vida y le dolía la muerte.
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"Aunque tu mujer haya cometido cien faltas, no la golpees ni con una flor." -Proverbio indio

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Helena Saskya - Sevilla, España.

16 comentarios:

marcaliope dijo...

Vaya final!!!

Nina de Papuza dijo...

Una joya poética. Crudo y bien cocido. Me encantó.

Helena dijo...

Hola Marcaliope:

Los finales de tan cotidianas y crueles relaciones son terribles... Igual que la continuidad de esas uniones.
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Nina de Papuza:

La realidad de tantas mujeres es realmente cruda. Ojalá fuésemos capaces de acabar con esta barbarie.

Agradezco mucho vuestros comentarios.

¡Saludos!

Odi dijo...

La justicia silenciosa llega a través de tu pluma. El relato rompe un eslabón de esta cadena de vergüenza. Sólo la "Niña de trenzas azules" podrá juzgar la actitud del padre y la decisión de la madre.
Si de mi dependiera, con este cuento haría una película para que las mujeres que sufren semejante afrenta se vieran reflejadas.

Helena, quiero verte triunfar.
(Te agradezco el comentario de mi escrito "Esperando la comida").

Odi, tu nueva amiga.

Helena dijo...

Odi, la sensibilidad y la sinceridad de tu comentario me ha llegado al corazón.
Gracias por tus hermosas palabras.

Un beso, amiga.

J.Carlos dijo...

Helena, te seré sincero; llego empujado por el poema del niño muerto. Y, la verdad, me has sorprendido. Me esperaba otra cosa. Nunca un relato sobre la violencia de género.
"Mi niña de trenzas azules" es impresionante. El desarrollo atrapa y el desenlace conmueve por lo inesperado.
¿Y si lo imprimimos y arrojamos los impresos desde un saltélite, así el planeta se entera?

Mis más sinceras felicitaciones. Que cunda el ejemplo y que los escritores/as se ocupen más de este tema.

Uno del Montón.

Carla dijo...

Helena, ya me emocionaste con "El niño que se durmió para siempre" (reforzado por el impacto del cuadro de Pontinari), y ahora me has emocionado profundamente con este relato.
"Mi niña de trenzas azules" está escrito con maestría. Vas llevando al lector sin darle respiro, hasta dejarlo rendido a tus pies con ese final tan sorprendente.
Voy a visitar tu blog para conocerte mejor. Aunque, creo que este es tu lugar. Aquí hay mucha gente con talento, y el que lleva la batuta de Linde es un artista consumado en varias disciplinas.

Carla.

Helena dijo...

J.Carlos, muchas gracias por tus elogiosos comentarios.

Es una buena idea lo de lanzar los impresos desde un satélite. Aún así dudo de que el planeta se enterase de algo.

Como dato que he escuchado precisamente hoy en la radio, en ésta última semana han muerto en España cinco mujeres a manos de sus maridos. Esto sucede en todas las partes del mundo... Y, lamentablemente, el planeta parece seguir sin enterarse. O, lo que es peor, parece importarle muy poco.

Pienso que el asunto está llegando a tales dimensiones que todos los colectivos con voz, escritores incluídos, deberían ocuparse seriamente de ello.

Un saludo.

Helena dijo...

Gracias, Carla.
Celebro que el relato te haya emocionado. Te confesaré que a mí misma mientras lo escribía me conmovía. Me puse en la piel de la protagonista y llegué a sentir verdadera compasión por ella y por la situación que atravesaba. A la vez que imaginaba las muchas "Teresas" que hay, y pensaba en las que ya no están.

Puedes visitar mi blog siempre que quieras. Será un placer. Espero que te guste.

En cuanto a Linde5, está lleno de joyas. De que así sea se encarga bien "el que lleva la batuta", como tú dices.

¡Saludos, Carla!

Yaiza dijo...

¡Qué relato, Helena, qué relato! Me pusiste en la piel de la protagonista. Me sentí como ella, segura por lo que había hecho, pero no triunfalista ante el paso que el maltrato la obligó a dar. Parece mentira que siempre sea la mujer la que se lleva la peor parte en todo. Como en este caso; tener que solucionar su problema a cambio de un problema de conciencia de por vida. La niña, sin duda, es la verdedera perdedora; ganó la madre perdiendo al padre. La madre, en cambio, ganó la libertad para su hija, pagando con el vacío de su alma. Y él, lo perdió todo; hija, esposa, y su vida, por usar el maltrato como medio de convivencia.

Gracias por haberlo escrito, Helena.
Muchos besos.
Yaiza

Alvaro dijo...

Hace unos días (bastantes días), que, después de leer tu poema sobre el niñito muerto, me prometí conocer tu relato. Y ya lo leí.

Desde el título: "Mi niña de trenzas azules", ya me preparé a entrar en una campo de metáforas bien construidas. ¿Y qué ocurrió? Que entre las metáforas me encontré a la protagonista soprtando una lluvia de golpes (o de agresión psicológica), y a una niña inocwente viéndolo todo desde sus trenzas azules.
Francamente, no sé si inclinarme por la ficción superando a la realidad, o por la realidad aplastada por la ficción.
Sin lugar a dudas, estamos ante un relato de gran altura.

Besos, Helena
Dos3cuatro.

Julio dijo...

Lo prometido es deuda y aquí me tienes. He leído con detenimiento la historia de "Mi niña de trenzas azules", y me ha llegado al alma. Es una historia tan real que parece de ficción.
El maltrato (no malos tratos como se acostumbra a decir) a la mujer, con su secuela de sangre y asesinatos, es el mal de ¿nuestra época?. Es un tumor que se agranda porque la bestialidad siempre está dispuesta a escuchar y a imitar. Mientras exista, significará el fracazo de la raza humana.
A estas tristes conclusiones he llegado al leer tu texto. Indudablemente lo manejas con maestría, para finalizar dejándonos colgados de la sorpresa.
€n ti veo clase y voluntad literaria. Te felicito.

Julio

amanda dijo...

Ahora no sé si quedarme con la Helena poetisa o con la Helena narradora. Eres óptima en ambos márgenes del río creativo.
Este relato envuelve, y gradualmente va llevándote a un final sorprendente. Me gustó sin retacéos.
El tema es viejo como el albor del planeta, pero nunca deberíamos olvidarlo, si queremos salir de las manifestaciones humanas más ancestrales.
Sólo la niña y el tiempo juzgarán la "valentía" del padre y el trágico proceder de la madre.

Mi admiración se queda contigo,
"pois todos somos de todos y pra vivir estamos", como decimos por estas tierras.

nora dijo...

Me has dejado turulata con el final. Jamás lo hubiera esperado. Esa forma de rematar las historias me encanta.
"Mi niña de trenzas azules" merece divulgación.
Dile a Ricardo que haga algo.

Me llena de placer saber que las dos pertenecemos al grupo de Linde5.

tito dijo...

Me dejaste boquiabierto con el final. Cuando iba llegando al epílogo, por una distracción mental estaba pensando en la felicidad de la niña; quizás por eso me sorprendió más.
Como le dije a Churrinche (Tiempo de violencia y lágrimas), este tipo de textos deberían difundirse en otro medio, no sólo en un blog.

Me emocionaste con el poema y con este relato, por eso finalizo con una frase que me encantó, pertenece a Amanda: "Eres óptima en ambos márgenes del río creativo".
Un beso, Helena.

Tito Grandi

jose guillermo dijo...

¿Esto es un relato? Hiciste una novela en 20 líneas, ¿y lo llamás relato? Y para colmo, aún sin estar presente, me echaste humo en los ojos y me arrancaste las lágrimas. Eso no se hace, Helena, con tu "Niña de trenzas azules" vas partiéndole el corazón a la gente. ¿Y el final? El final es para guillotinar a la mismísima sorpresa; imprevisto hasta el alucine. Al "cuentito" le veo categoría. Merece ser editado con caracter de urgencia.

Helena, perdonáme mi poco académido modo de expresarme, y recibí un caluroso saludo de un tipo raro, llamado José Guillermo.

VIVIR ES EL ARTE DE ATRAVESAR ESPERANZAS. -R.M.J.